navegante

en esta vereda sombra
en la otra ciega el sol
cuzco al fondo de un pasillo
olor a carne asada
mediodía
el funebrero cabecea
–arriba-
y limpia a navaja
la palabra en el metal
murmuran los cercanos
el cuerpo agotado
y ahí con él mira
llora
pibe, alumno, nieto
solo
solo
vuelvo sin saludar los árboles
brillan verde, azul
-la lluvia de anoche-
dicen la orilla
al navegante, al escritor