continuidades
ya eran punteadas
-------y ahora
casi
--------------son
-----------------------apenas
trazos inconexos nubes
jeroglíficos
--Titula CNN: “Estados Unidos pide a Zelaya que no entre a Honduras para evitar violencia”. ¿Violencia de quién? ¿Y qué tal si se lo piden, mejor, a la policía y al ejército, a los servicios y al gobierno de facto, que impone toques de queda sorpresivos y reprime huelgas, que persigue militantes y censura, que ampara a los antiguos agentes del escuadrón de la muerte B 3-16, hoy de nuevo a disposición del poder? Porque la impresión es que quienes tienen los uniformes y las ametralladoras no son los de Zelaya, son los otros.
--Dice Juan Micelli, en Canal 13 de Buenos Aires: “Zelaya estuvo imprudente, su acercamiento hasta la frontera con Honduras no tuvo mucho sentido y provocó incidentes”. ¿No se nota que en Tegucigalpa y en Las Manos, en San Pedro Sula y en El Paraíso, unos marchan con carteles prolijitos, anteojos de sol y hasta auspicios publicitarios, y otros son corridos a palos, detenidos y gaseados por los milicos, perseguidos más allá del toque de queda, amenazados por todas las vías?
--En el vomitivo diario El heraldo, de Tegucigalpa, el lunes apareció esta “noticia”: “Vándalos serán castigados por daños”. Empezaba así: “Los manifestantes que se han dado a la tarea de tapizar de mensajes los edificios históricos de la capital, ahora lo pensarán dos veces. Severas sanciones y multas de entre 1 y 2 millones de lempiras (…) para quienes cometan estos actos vandálicos”. Una foto mostraba un grafitti: “Insurrección – Feministas contra el golpe”. Los muchachos de El heraldo andan muy preocupados por lo que llaman “la suciedad” y por la “transparencia de la democracia”, pero no informaron, por ejemplo, de la censura a la periodista Daysi Flores, del Centro de Derechos de Mujeres, sacada del aire cuando estaba por iniciar un programa sobre el golpe. Su caso es uno entre decenas.
--La secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton condenó lo hecho por Zelaya por “temerario” y “provocativo”; el secretario de
--Los grandes medios son desde hace rato parte central de la maquinaria del poder: la perspectiva permite ver sus roles en la temporada de golpes en Latinoamérica de los ’60 y ’70, por poner un ejemplo no muy lejano. Hoy eso sigue vigente. Pero, a la vez, proliferan y muerden y pinchan y avisan y muestran otra cara de las cosas los medios alternativos. A través de los blogs, de Youtube y de miles de páginas personales o de organizaciones pudo irse sabiendo lo que viene pasando durante este mes en Honduras. Las voces, las cámaras, los textos, ahora son mucho más. Por eso se puede ver a Micelli y a los muñequitos de
--¿cómo?


--Al cardenal español Antonio Cañizares le parece que el aborto de fetos de menos de trece semanas es un asunto mucho más grave que “lo que ha podido pasar en unos cuantos colegios”, por esto que se supo hace unos días: miles de niños abusados por curas en las escuelas católicas de Irlanda. Cada tanto se destapa alguna olla espeluznante, de estas que cocinan en las penumbras y el miedo estos tipos disfrazados con mantelería, y aparecen ahí dentro las perversiones que devienen de la pretensión de ordenar pitos en huelga hasta la eternidad y más. Hace cinco años, en el cristianísimo Estados Unidos de Norteamérica, se conocían otros miles de casos denunciados. Un panorama algo más amplio y milenario da el escritor colombiano Fernando Vallejo en La puta de Babilonia; un paseo por la gesta española en el rubro puede darse en las páginas de Pederastia en la iglesia católica, del periodista Pepe Rodríguez; un caso argentino casi a punto de sentencia es el del benefactor de Felices los niños, padre Grassi. No hay noticias fehacientes, a lo largo de la historia, de las reflexiones que dios hace sobre sus pastores ahí mismo, en directo, mientras observa a través de sus monitores cómo suceden estas cosas que hacen con pibitos. Las calaveras y las cenizas dispersas por el planeta tierra a lo largo de siglos tampoco dan indicios concluyentes sobre perdones o condenas, paraísos o infiernos. Y no se sabe, tampoco, si dios putea o avala los sucesivos cambios e interpretaciones que sobre su palabra fueron haciendo apóstoles, pastores, papas, cardenales y otros pájaros, hasta llegar a este Benedicto y su amigo Cañizares, que vive con Ratzinger desde hace unos meses en Vaticano, Roma (y a propósito, se cuenta que de ahí eran los que liquidaron al Jesús). Por ahí dios perdió contacto, nomás. En relación a la relación entre su palabra y los pitos y sus pastores, parece que durante largos siglos podían usarlos para el sexo amoroso sin castigos divinos. Usarlos con castigos, dice Cañizares, aunque le arruine la vida a unos nenes, no es a fin de cuentas algo tan grave como unos abortos: no puede compararse el fin de un feto de cuarenta y cinco gramos, dice, con el trauma que, a lo sumo, le queda al niño tras ser sometido por un sacerdote matriculado en alguna de las filiales de Vaticano Inc. Los fetos deben nacer, ser bebés, infantes, niños, ir a colegios católicos. Y entregarse a la buena fe y los santos deseos de los tipos vestidos con sábana, tapete, cortina, mantel.
Llego puntual. Últimamente pasa eso, llego puntual.
Desde hace unos pocos años tengo suerte para estacionar. En lugares donde casi no se puede transitar yo encuentro casi siempre un hueco para dejar el auto. Muchas veces, en la puerta misma del sitio al que voy.
Aprendí a mirar desde una o dos cuadras antes al tipo que tiene pinta de estar por subirse, a la mínima maniobra, a la luz roja de un freno, la puerta que se abre o se cierra.
En Agüero, en la cuadra de
Contra la pared en la que se recuesta la fuente proyectan poemas. A la altura en la que está veo, por el espejo retrovisor, que se acerca uno de estos muchachos. Entre 16 y 24 años, perdí la perspectiva. Ropa deportiva azul francia. Que se queda hasta las nueve, señor.
Aprendí, también, la gestualidad para que el pedido no vire a exigencia o a pago anticipado. Hablo de monedas.
El edificio de
La tormenta es, todavía, menos de lo que prometieron los servicios meteorológicos. Llueve poco y no hay viento. Después de que termine lo que cuento, en el borde de allá, sale el sol otra vez y el tiempo es pegajoso.
Espero en la explanada de acceso; cada tanto me asomo a la rampa larga por la que se llega, para ver si viene la persona con la que voy a encontrarme. Las trepadoras, hojas como estrellas verdes, combaten, abrazan, el hormigón.
Sobre las baldosas grises hay cartas blancas escritas con letras negras; tienen forma de naipe gigante y textos escritos a máquina, tramos de la correspondencia entre Perón y Cooke, segunda mitad de los ’50. Carta, naipe, correspondencia. Jugada ahí. Se entiende. O se cree que se entiende. Como la poesía, la fuente, el cuidacoches. O Borges, que dirigió
Pecinco, firmaba, a veces, Perón. Dicen, con Cooke, de resistencia a la dictadura, de estrategias, de guerrillas. Cada golpe debe ser minuciosamente planeado sin que nada quede supeditado a la improvisación. El hombre que atiende el kiosco mira televisión. Entre el edificio y Libertador, la avenida más cara del país, hay un gomero enorme, plátanos, jacarandás, palos borrachos en flor, dos araucarias.
Es menester después golpear por sorpresa y sin dejar rastros, aconseja el general. Dos gatos en la explanada: una atigrada, negra, blanca, gris; me acuclillo y le imito un maullido al otro. Se acerca para que lo acaricie. Es negro. Recuerdo que tengo la cámara de fotos en la mochila. Saco, desde aquí hasta el final, unas cincuenta.
Miro el reloj cuando pasaron veinticinco minutos desde la hora de la cita. Empiezo a dudar de haber señalado bien las coordenadas del encuentro: suele ocurrir. Cuando me separo del gato negro la atigrada se le acerca, irritada. Se tiran unos zarpazos. Luego se mantienen a distancia. Aparecen otros gatos, luego se van.
Es estúpido hacer este trabajo mediante la fuerza, cuando el mismo efecto se puede obtener mediante la habilidad. Un “gorila” queda (…) muerto mediante un tiro en la cabeza como aplastado “por casualidad” por un camión que se da a la fuga.
Pregunto en la entrada si se registró la persona a la que espero. No, pero me recomiendan averiguar eso mismo en otra entrada. Los bienes y (…) los asesinos deben (…) toda clase de destruc (…) te el incendio, la bom (…) directo y toda otra cla (…) trucción. En un rincón de la carta A 58 la gata atigrada se interpone con la lectura completa. En las dos entradas hay carteles con reclamos de los trabajadores de
Subo al auto una hora después de haber apagado el motor. El cuidacoches tampoco aparece. Cuando estoy por arrancar veo al hombre acostado en la vereda. Está descalzo, tiene ropa gastada, raída. No le veo la cara; su cabeza reposa sobre el brazo derecho, que está estirado. Le saco fotos. Varío los encuadres. Puedo hacer que ocupe casi toda la imagen, recortado contra el mármol del edificio. O que se extienda al final de una vereda de baldosas similares a las de la explanada. Que aparezca por encima del retrovisor, gotas de lluvia y autos avanzando por Agüero en el espejo. Que resulte indiferente para una familia que pasa por ahí. Que comparta imagen con una mujer bonita. O con el veinteañero de bermudas floreadas que baja su equipaje de un auto, de regreso de sus vacaciones. Más amplio: que sea una afrenta para el guardia de seguridad del edificio que lo mira desde atrás del vidrio del hall. Más amplio aún: el único hombre ante arquitecturas bien cotizadas, notoriamente menos atendido que las flores rojas de una rosa china en plena salud. O en el extremo izquierdo de una toma que incluye la publicidad municipal, letras negras sobre fondo amarillo: Haciendo Buenos Aires.
Noté en un momento que acostado como estaba, boca abajo, el hombre movía las caderas. Los empeines de los pies, sucios, cruzados uno sobre otro como los de cristo en el martirio, en breve roce vaivén contra las baldosas. Al principio dudo, pero los movimientos van haciéndose más frenéticos, la pelvis yendo y viniendo hacia el piso. La cabeza que se agita, el brazo derecho que sigue estirado, el puño que cada tanto se cierra con más fuerza.
El ruido de las cubiertas de los autos contra el asfalto mojado. El hombre sigue un rato. Y luego ya no se mueve.
--La abuela debajo del árbol que está en el fondo de la casa de mi tía Hortensia. En una bolsa tiene un tejido: las medias que le regala a toda la descendencia, hechas con lana cruda de oveja, que ella misma hila con una rueca. “Ni sé para quién son”, dice, “me las puso Urbana en la bolsa”. Tiene problemas de memoria: confunde fechas, lugares y personas, divaga, desconoce. Siempre vuelve a su pueblo. “Mira, parece que supiera que está echando los dientes”, me dice una y otra vez: mi hijo la está mirando y se mete los dedos de una mano en la boca.
--Figueras de Castropol, Asturias. A la abuela no le salía pronunciar bien la palabra “concentración”. “Campo de...”, alcanzaba a decir, y se trababa. Estuvo ahí unos dos o tres meses. Con el abuelo. Embarazada de mi tío Pepe, el quinto de los siete que tendría. Sería el año 39; Urbana ya había nacido. Cuenta mi abuela que pensó en llevársela con ella, porque se decía que en los campos a los bebés les daban bien de comer. Pero no: la dejó con un hermano suyo, el tío Julián. Y también se quedaron allí los tres que habían nacido antes: Hortensia, María, mi padre. Y las vacas. “Teníamos dos vacas”, dice mi abuela. “¿Y vivían en la misma casa?” “Lógico; las vacas vivían abajo y nosotros vivíamos arriba”.
--La abuela se llama Emilia y tiene 93 años. Nació en 1911, el 31 de julio. Está más bajita, más consumida, pero la vi mejor que otros días. El año pasado, cuando estaba internada en el hospital español, pensé que se moría. En realidad tuve miedo de eso: no estaba tan mal. Tenía esos problemas de memoria, de empaque: no quería comer y dependía de una sonda que se arrancaba cada vez que podía. Las vacas, de alguna forma, fueron la excusa que usaron para llevarlos presos. “Les había dado la fiebre, y el ternero ya muriera; mi marido bajó a ver cómo estaban y a sacar leche, porque a mí se me había retirado y Urbana tomaba de la vaca, y si moría de dónde iba a tomar”. Esa noche mi abuelo ordeñó a la vaca y prendió alguna luz; luego puso el recipiente con la leche en el hueco de una ventana, para mantenerla fresca. “Ahora creo que todos deben tener heladera, pero en ese entonces nadie la tenía”.
--Tal vez fue esa noche, tal vez fue otra: un falangista apareció flotando en el río Cúa, que pasa por delante de donde estaba la casa y parte en dos a Vega de Espinareda. Y algún vecino o vecina con mala leche denunció que mi abuelo les hacía señales a los rojos: encendía una luz por la noche. De eso los acusaron, al menos. Creo que mi padre contó, alguna vez, que al falangista lo había liquidado algún colega y que a alguien tenían que echarle la culpa. Cuenta mi abuela que estuvieron ocho días presos en el pueblo y que a mi abuelo le pegaron.
--¿Puedo imaginar cómo fue eso, cómo llega algún matón a la casa de mi abuelo, a quien no conocí, que por fotos es igual a mi padre hace algunos años? ¿Puedo imaginar los golpes furiosos y los gritos, y a mi tía Hortensia de cuatro o cinco años, y a mi padre con tres, llorando? ¿Puedo imaginar las palabras? ¿Le dirían “tú eres rojo”, o “Tú mataste a fulanito”? ¿Puedo imaginar el rostro de mi abuelo ante los matones? ¿Le habrían pegado ahí mismo, delante de sus hijos? ¿Cuáles habrán sido esas palabras? ¿Fue de noche o fue de día? ¿Volvió a ver a sus hijos antes de que se lo llevaran para Figueras de Castropol?
--Les daban, para los dos, un caldo en el que flotaban cuatro porotos. Mi abuelo, que trabajaba todo el día en los caminos que Franco quería para que España fuera católica y pura y fascista, le daba los porotos. “Y un rusquito así”, dice la abuela, y con el índice de una mano señala dos falanges de dos dedos de la otra. El tío Julián, dice, les prestó plata, y algo ellos tenían. Con eso compraban en una cantina; al cantinero le era bastante conveniente que la comida en el campo fuera tan escasa.
--“Y los piojos eran como esto”, dice, y con la uña del índice señala la mitad de la uña del otro. Los que unas se sacaban en el agua se les trepaban a otras. El hermano de mi abuela trató de que el cura de Vega intercediera por ellos: “Si usted sabe que no tienen que ver”, le dijo. Lo sacó carpiendo. Este hombre se llamaba Lucas y desde que soy chico aparece en las historias familiares haciendo hijaputeces. Cuando tomó la comunión, a mi tía Hortensia la apartó: a los gritos le dijo que su vestido no estaba en condiciones. El delirio de la vía directa con Dios suele derivar en mucho cura proclive a la humillación.
--Dos hermanos de Vega, médicos, también pro régimen, intercedieron por ellos. Volvieron. Marcados. El miedo.
--La abuela no recordaba mucho más aquella mañana de febrero de 2005. Yo, ya, tampoco. Era un día muy soleado. El verde oscuro y brillante de las hojas de un jazmín. Los anteojos de marco y cristales gruesos. Las manos huesudas y manchadas. Cierto temblor en el labio inferior. Las vacilaciones. Tomé buena parte de las notas un rato después de estar con ella. Luego me distraje con algo. O hubo que hacer otras cosas. Ya no recuerdo.
Le quedaba un año.


mucha atención
estoy pensando
y de un momento
a otro
vaparecer
El Huevo De Oro
si luego me hago la práctica
porai lo vendo de a docena
si pongo uno solo, nomás
me lo como frito
(tengo la moneda para el pan, y ajos)
por si algo falla hay
el hambre
el robo
mendigar
la desesperación en sus variantes vértigo y abulia
los tontos o sabios o insulsos caminos del azar
las mil y una noches
del entretenimiento
los recuerdos circulares y/o espiralables
y por supuesto
la soledad
en resumen, entonces
clara y huesos
yema y cenizas
la cáscara, la piel
todo artístico ahí
en las páginas alucinantes del tiempo
y ah
capaz que también
en
Hay un chaleco salvavidas
debajo de su asiento
y más allá
sobre el costado izquierdo
la puerta de emergencia.
Cuando por ella escape el corazón
salga la muerte
toda la metafísica
quemaremos la nave.
Que nadie intente abandonar la tierra.
(Holver Martínez Borelli, poeta salteño, 1930-exilio-1978. De Los lugares comunes, ediciones Cayco, Venezuela, 1984)
soñé que el pájaro
pequeño
gris
se estrellaba contra el vidrio
lo recordé mientras volvía del mercado
con la primavera ya
acá
en mis manos
bolsas de plástico con frutas
pilas para grabadores
impuestos sin pagar
el presagio de una historia
que transcurre en estos días
acá
en estos días,
ahora
flaco, ágil, joven
viejo, lento, sentado en el sillón
así era el pájaro
luminoso, azul
gris, desgarrador
así era el día
los números, pájaro,
te dominan el mundo
y el vidrio ahí, límpido
implacable
cuánto vuelo, pájaro, número, padre
y yo con bolsas de plástico
en las manos
así era el que sueña
letras, nada, grabaciones
anotar plásticos y pájaros
para decir amor
para decir muerte
para decir nada
La pick up más revolucionaria de su categoría. Las mayores dimensiones en el exterior y el interior colocan a
Los vehículos 4 x 4 son un símbolo. Respecto al anterior, el modelo nuevo de
En la madrugada del domingo cinco muchachos de 16 y 17 años, alumnos del Cardenal Newman, volvían de una fiesta del club del Colegio, en Benavídez. Silvestre Gosio, Francisco Oxenford, Bautista Pereyra Iraola, Ignacio Gaing y Lucas Pereyra Iraola. Salvo Francisco, rugbiers, también, de ahí. Parece que Lucas, el que más barata la sacó, dijo que iban a bailar. Eran cerca de las cinco.
Jompi dijo: “Todo esto es muy triste. Mis saludos a la familia y a la gente del Newman. Es difícil señalar culpables y más sin saber qué pasó y cómo pasó. Lo que sí estoy seguro es que no aprendemos la lección. Hoy muchos podrán señalar al que le dio el auto o al que lo dejó manejar habiendo tomado, si es que eso pasó. Pero todos hemos hecho algo así; siempre actuamos como que es algo que le pasa a los otros y que nunca nos va a pasar; el problema es que cuando nos pasa a nosotros muchas veces no hay solución, como en este caso. Yo me preocupo porque los chicos toman, pero voy a los terceros tiempos, tomo, vuelvo manejando y pongo plata para que haya alcohol, muchas veces al alcance de los chicos o de no tan chicos pero que tienen que irse en auto a sus casas o a seguir tomando a otro lado”.
Maniobrabilidad superior. La idea fue determinar el tamaño ideal de carrocería que los clientes de distintas partes del mundo esperaban de
Este modelo parece un camioncito. Mide 5,25 de largo por 1,83 de ancho y 1,81 de alto. Un ambiente. Pesa casi tres toneladas. Nueva, cuesta 132.200 pesos, IVA incluido. Es el precio sugerido al público. No incluye gastos de flete ni patentamiento.
No se sabe todavía por qué el conductor, Silvestre, perdió el control a la altura de la avenida Otto Krause, Panamericana, Pablo Nogués, ya ruta 9. Un tío dijo, al día siguiente, que Silvestre manejaba bien, aunque en situaciones límites no tenía la madurez de un adulto. El vehículo chocó contra el guardarrail del puente que cruza esa avenida y se partió en dos: la parte trasera quedó sobre la autopista y la delantera cayó a pique.
Richard dijo: “A esta altura ya no se puede hablar de fatalidad. Nosotros los padres estamos fallando en la prevención y en la enseñanza. El auto a los 17 años porque ¡¿cómo no le vamos a dar el auto?! El alcohol descontrolado y la vida nocturna sin límites: se nos están muriendo nuestros chicos. Ponerles límites no es quitarles la libertad. ¡Reaccionemos! Acompaño en su tremendo dolor a las familias de los chicos y a los amigos de Newman.”
Apariencia exterior inigualable. La apariencia agresiva y deportiva del vehículo se encuentra afianzada por la incorporación de overfenders y extensores de guardabarros que junto con los estribos laterales le confieren al vehículo detalles que incrementan su apariencia off road a la vez que proporcionan un acceso fácil y seguro.
Más grandes, más fuertes, más rápidos, más ricos, más poderosos: el hombre quiere estas superaciones.
Al lado de Silvestre venía Lucas; los otros venían atrás. Cuando llegaron los bomberos encontraron los cadáveres de Bautista, Francisco y Silvestre, uno sobre el puente y los otros dos abajo. Ignacio quedó atrapado arriba, entre los fierros. Lo operaron esa misma noche, y también la siguiente, en el Sanatorio de los Arcos, Palermo. Está grave. El martes por la noche se pedían, con urgencia, 200 dadores de sangre que no tenían la obligación de ir ayunados y a los que se les recomendó ingerir algo de azúcar antes de la extracción. “El muchacho que sobrevivió no caía, no sabía qué le había pasado –dijo el primer bombero que llegó al rescate-. Lamentablemente estaba mirando la escena, porque tenía a los otros dos chicos fallecidos, frente a él”.
Diego dijo: “Muchachos, traten de hablar con un poco de conocimiento de causa. Se habla de que uno de los chicos le afanó el auto a los padres (que le tenían prohibido manejar), que están de viaje. Hasta ahora, en todos los cuentos que escuché de fuentes serias, nadie habla de alcohol; sí que venían muy rápido. Una cagada de pendejos que salió muy mal, muy mal (pero que todos tenemos alguna). Mis condolencias a todos los compañeros, familia y colegio.”
Estilo. Con un revolucionario diseño exterior se ha logrado una apariencia poderosa y robusta, con terminaciones al nivel de un vehículo de pasajeros.
A una entrega de premios Martín Fierro, o algo así, Chiche Gelblung llegó manejando una Hilux. Lo vi por televisión. No recuerdo con precisión, tampoco, qué canal era.
Junto a los bomberos voluntarios de Malvinas Argentinas, Garín y General Pacheco llegaron al lugar, también, personal de Autopistas del Sol y Policía Vial. “Se procura establecer por qué el vehículo colisionó contra el guardarrail del puente –dijo un jefe policial-. Aparentemente no hubo otro vehículo involucrado, aunque es materia de estudio”. “Mirá para adelante”, le dijo Lucas a Silvestre, en un momento. Iban muy rápido, dijo. En un instante, dijo, la silueta de la cola de otro auto se creció en el mismo carril. Dijo: estando ya muy cerca, Tete, que así le decían a Silvestre, volanteó. Ya no pudo, dijo, retomar el control. El vehículo que los rozó, dijo, era un taxi. “Lo más probable es que las concausas del accidente hayan sido la excesiva velocidad y una mala maniobra”, consideró un investigador.
Rabeni dijo: “No hablen al pedo. Si no saben qué pasó, cállense la boca y no den sermones enseñándole al resto la verdad de la vida”.
El núcleo de la atractiva vista delantera se encuentra en los faros halógenos multirreflectores. Su diseño aerodinámico no solo realza su originalidad para un vehículo de este tipo, sino que también brinda una excelente luminosidad y brillo, dando un gran sentido de seguridad cuando se maneja de noche o en ambientes de poca visibilidad. El imponente paragolpes delantero realza el amplio diseño de la carrocería e integra ópticas, luces antiniebla y parrilla para un estilo sin precedentes en una pick up.
¿Brotan, luego, dentro de los cuerpos, estos adjetivos? ¿Brillan como rayos entre las neuronas, mueven los músculos? ¿Tallan, también, los gestos, los rostros, los sueños?
Por luto, el colegio Cardenal Newman permaneció cerrado el lunes. La caravana funeraria partió desde la casa de Silvestre. El entierro fue en el Parque Memorial, un cementerio privado de Pilar. El entrenador de juveniles de Newman dijo que los pibes eran divinos. Que Silvestre jugaba de centro o de wing y que era jodón, divertidísimo. Que Bautista era un apertura talentoso, un tipo bárbaro.
Hugo dijo: “Si los jóvenes no tomaran en los terceros tiempos tomarían en un bar, en un kiosco, plaza o casa de alguno. No seamos hipócritas. El ejemplo y el orden están en la casa de cada uno y en no hacerse los boludos. Echarle la culpa al rugby o a los terceros tiempos es una ingenuidad. El alcohol y la droga cada vez más están metidas en la sociedad y es culpa del escaso ejemplo, del poco diálogo con los hijos y de las extremas libertades permitidas por los padres hoy.”
Nuevo panel de instrumentos completamente renovado. El diseño, de muy buen gusto y calidad, conjuga un estilo moderno y una fácil y correcta visualización de todas las informaciones.
Diego dijo: “Mis condolencias a las familias de los chicos. Por favor no opinen más. El dolor es muy grande como para reflexionar a la ligera. Las palabras ya no sirven, el daño es irreparable”.
El conjunto de instrumentos con relojes analógicos asegura una interpretación rápida y sin errores, tanto de día como de noche.
Luces de advertencia informan al conductor sobre las diversas funciones del vehículo de forma clara y objetiva.
(Fuentes: Página oficial Hilux, comentarios de usuarios en el sitio de internet Periodismo-rugby, agencias, diarios, algún testimonio obtenido por el autor)
--Cuando vos decís, por ejemplo, perro, ¿decís todos los perros que hubo en casa? ¿Decís uno, el Negro, el Dax? ¿Decís el boxer ese, el que parecía un boxer, el que ni le recordás el nombre, que una vez nos siguió hasta Las Toninas, por la playa, una noche, y entonces hubo que volver? ¿Decís la cachorrita que pisó el 128, la que le desataba los cordones de los zapatos al viejo, mientras comíamos? ¿Decís, nomás, viejos perros muertos? ¿Decís que así, nombrándolos, metiéndolos en un poema los revivís un cacho? ¿Decís que no es por ellos, que es por vos? ¿Decís que eso los trae dónde? ¿Que eso los pone a correr, a jadear, a dar la pata, a rascarse las pulgas? ¿Decís que el Chiquito necesita, quisiera, le gustaría, un recuerdo de su breve viaje a los gases de la perrera, una mañanita temprana y fría, la calle de tierra, vos y tu hermano guardapolvos blancos, los tipos de uniforme, el lazo en el cuello del bicho y el revoleo, decís que era como una caña de pescar perros, un tipo levantando en la camioneta lo que recuerdo como la tapa de una olla, la nube de veneno en la mañana, el Chiquito en parábola por el aire y pum, adentro, y clac, olla cerrada, humo concentrado en el infierno?
--¡Ey, señor: ese es mi perro!
--¡Eh, saque al Chiquito ya mismo de ahí!
--Breve intermedio para colar una pregunta, como dicen los analistas finos, “inquietante”: ¿era Chiquito o era Chiquito dos? Ambos duraron poco y eran parecidos: bajos, blanquinegros, escuálidos, pelicortos. Al viejo le parecían despreciables y sí, si estaban en las antípodas de Muralla, el mastín de su pueblo y su infancia, un pastor guardián que mantenía a raya a los lobos. Decía, él, eso. Y yo no sé cuál Chiquito era el que zafó esa vez. Porque zafó: el tipo destapó la olla –humo otra vez-, lo cachó del pellejo del cogote, lo apoyó en el piso y el Chiquito se vino tambaleante. Fumado.
--¿O decís el Cacique, el ovejero cargado de garrapatas patovicas?
--¿O
--¿Y desde cuándo usás la palabra tupé?
--Desde el párrafo anterior.
--Ajá.
--Pero ya dejé de usarla.
--Eso es un avance.
Entonces, poeta, decime: ¿qué decís cuando decís perro?
Era un gran perro el Negro Dax.
Sí.
Es mejor parar acá.
Sí, poeta. Poeta: guau.
Guau.
y tu cabeza está llena de ratas
te compraste las acciones
de esta farsa
y el tiempo no para
yo veo al futuro repetir el pasado
veo un museo de grandes
novedades
y el tiempo no para
no para
re volotea
la avispa
entre cortina y ventana
zumba
tengo a mano
la guerra del paraguay
el signo ahí, en el vidrio
hace ya dos días.
aparaguayizado
La señora de Pérez y sus hijas
comunican al público y al clero
que han abierto un taller de chupar pijas
en la calle de Santiago del Estero.
(Verano de 1952. Citado en Borges, de Adolfo Bioy Casares, Ed. Destino)
El boticario don Luis Molla
se lavaba la pija en una olla.
Más su esposa, ignorante por entero,
con el agua de la olla hizo el puchero.
(Verano de 1949. De Divertimento, de Julio Cortázar, Ed. Sudamericana)
--Hay
un eclipse tras las nubes
y una avispa en la ventana
--Llueve.
el gorrión
que se estrella
en el viaje
un fin de año
la paloma
que camina
y se va, se va, se va
de la tierra
una noche de fin de verano
el colibrí
que cruza
la terraza
que cruza
un otoño sin fin
--Llueve.
en la ventana, una avispa
busca
su signo
y es de fábula, hoy,
que no lo encuentre
que vuele
que vaya
y que
--Llueve.
Ya no hay casa.
ya hay que pensar fragmentos
..................................papiros
..................................ruinas
si persisten cenizas, polvaredas,
si no hay puertas
si está el sol ahí afuera
ya hay que pensar en construir
olvido
A la luna, que está llena,
se le puso un pedacito,
dice,
el niño.
Olvido.
Tápate la boca
camino por Perú,
hace frío, y se
siente sobre todo
en la garganta
Tápate la boca
dice, mi madre,
desde el fondo de los tiempos
desde el epicentro mismo
de la zona imprevisible de las nieblas
ya en Diagonal, o por la Plaza
de Mayo, en sincronía,
su amor, sus miedos, sus cuidados,
el encanto de oír su voz
nuestro dolor infinito
Tápate la boca
Un carajo, mamá.
Ya te escuché.
Dejame en paz.
Te extraño
Manejo un auto por una avenida. Voy rápido. No recuerdo por qué estoy apurado. La avenida está cargada de vehículos. Muchos colectivos, con sus vaivenes de banda a banda para juntar o largar pasajeros, para pasar de lo más rápido posible a la detención. Muchos colectivos que, sin perder esas movidas frene-acelere izquierda-derecha, ahora se irguen y se acilindran y giran además sobre sí mismos, a gran velocidad. Pienso en esos tubos metálicos para condimentar, saleros y pimenteros, pero gigantes. En las bocacalles hay unos inconscientes que buscan detener a los automovilistas particulares para venderles alguna cosa. Tengo que acelerar un poco más, porque voy a perder el ritmo de la onda verde, aunque sigo sin saber por qué estoy apurado. Paso un par de semáforos en amarillo, en rojo. Puede ser peligroso, siento. En la esquina siguiente no llego a frenar ante la vieja que no sé cómo aparece, ya, en medio del paso peatonal. Chillan las gomas contra el asfalto, crujen los huesos, desde arriba se ve la mancha roja y el estropicio que asoma de abajo del auto.
Las cosas
así, las cosas,
son como son
hasta que cambian
y así, las cosas
son otra vez como son
verdad, mentira
futuro, pasado
como son.
Noche desierta
calle empedrada de Buenos Aires
alumbrado público
ámbar
viento
el gato,
negro,
ágil, veloz, muy veloz,
en el viento y el ámbar
no sabe, todavía,
que la pantera,
negra,
también negra,
prófuga del zoológico
denunciada por comer de la basura
y por liquidar un par de perros
salchichas
lo alcanza mientras trepa una pared
y le tritura,
crac,
de un par de mordisquetes,
crac,
lo que se dice las patas de atrás.
Yo lo veo, lo oigo, lo escribo
crac
bajo un viento y el ámbar
............crac
calle, noche,
desierta.
Ahora el gato ya sabe.
Habrá noticias de ella;
de él,
se ignora,
la cifra de sus vidas.
Claro que puedo matarte
pero a ese animal lo he puesto
salvaje en un rincón
latiendo desde el fondo de los tiempos
listo para saltar pero golpeado
apalabrado
burlado por la civilización
absurdo
único
Vivo.
Claro que quiero matarte
y no va a importarme nada porque así
podré aflojar por fin manos y mandíbula
inferior
y seré un hombre que cumple los mandatos
latiendo desde el fondo de los tiempos
ni mansedumbre ni domesticación
furia
justicia
Muerte.
Claro que voy a matarte
acá, ahora
tensas, todavía, manos y mandíbula
inferior
latiendo desde el fondo de los tiempos.
Escribo: estás muerto.
En gestación
eterno
el susurro
Duerme el perro al costado de la ruta.
Sueños de miel
Al costado de la ruta
Duerme.
Despierta.
¿Qué se ha muerto?
te acaricio
y entonces
mis manos se curan
No sé cuándo lo supe
No sé cuándo empecé
Ni siquiera sé
cuándo
voy a descubrirlo
el dolor así, en el tiempo
aire
cuerpo
Cuándo.
te acaricio
y entonces
mis manos se curan
Asesino. Rastrero. Ladrón incansable y prolijo, pero no tanto. Hipócrita. Berreta. Angurriento. Sin ninguna elegancia. Sin ningún sentido de la belleza. Acomodaticio. Militar de la CIA. Chupacirios. Lamebotas, botas lamidas. Bestia. Enterrador tenebroso de cadáveres hasta hoy no encontrados. Mal bicho.
Eso fue en vida. En esencia, un concentrado de basura y muerte.